En una de las paredes de las calles del centro de Oaxaca se mira un esténcil de Pedro Infante, “100 años pienso en ti” dice sobre su sombrero y abajo en letras mayúsculas la palabra revolución. Firma ASARO.
En brazos, Pedro Infante no carga una guitarra sino una escopeta; en esta ocasión, la Asamblea de Artistas Revolucionarios de Oaxaca (ASARO) vela por el cumplimiento de justicia en San Juan Copala; comunidad que desde hace varios meses se ha enfrentado a los ataques por parte del grupo armado Ubisort, quien asesinó al líder de los triquis así como a defensores de derechos humanos. La razón, una aparente represalia a la declaración de autonomía de este poblado.
Bajo este contexto en el que se busca la forma de defender los derechos del pueblo es que trabaja ASARO un grupo de artistas que surgió en 2006 tras la convocatoria de unir a todos los colectivos artísticos “para luchar contra la tiranía del gobierno” tal como afirma la asamblea en su blog.
Grafiteros, grabadores, pintores, fotógrafos, diseñadores, caricaturistas, estencileros y video astas, todos ellos a través del arte buscan un bien común.
En todos los casos, el arte permite y ha permitido a un sin número de artistas a lo largo de la historia defender aquello que Cristina Híjar, miembro del Centro Nacional de Investigación, Documentación e información de Artes Plásticas (Cenidiap) llama “la inclusión a una pequeña utopía”.
Y es que cuando se le pregunta cuál considera que ha sido el papel que ha jugado el arte dentro de los movimientos políticos y sociales del país. Ella responde que es de gran importancia pues, tiene la posibilidad de anticipar nuevas realidades; imaginando dice “se puede vislumbrar la posibilidad de los cambios, puede también interpelar de manera efectiva. No todo se reduce a la demanda o al manifiesto propiamente político, hay que afectarlo todo y el arte es un medio y una herramienta útil para la construcción de una nueva subjetividad, indispensable en estas luchas”.
En México varios han sido los interesados en tomar la estafeta para sanar mediante el arte el tejido social, pero sobre todo para lograr que la población haga una crítica histórica y una reflexión sobre la realidad; con la característica particular de unificar conciencias, tal como sucedió con el surgimiento de grupos culturales y artísticos en el siglo XX quienes buscaron en la creación colectiva, una alternativa para unirse a las luchas sociales; justo como ocurrió menciona Cristina con “la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (1934) y su activismo contra el fascismo y el nazismo; y las campañas educativas y al servicio de las luchas populares del Taller de Gráfica Popular (1938)”.
Del arte en lo político
En específico, el manifestar político fue de gran relevancia para las propuestas artísticas de grupos como Germinal, Proceso Pentágono, Mira, Taller de Arte e Ideología y Suma quienes durante los años setenta tuvieron como objetivo hacer una demanda social por las desigualdades y contradicciones de la modernidad mexicana. Así mismo trabajaron aspectos centrados en la conciencia latinoamericana, basado en las dictaduras militares, el imperialismo y la utopía.

Fue durante esta época que el arte urbano comenzó a consolidarse en México, ya que estos grupos visuales tomaron las calles y plazas para ejercer su libertad de expresión. Las instalaciones se hicieron más frecuentes dentro del ejercicio artístico.
Con el paso del tiempo, el modo de los artistas para hacer llegar su mensaje fue cambiando. Se fueron anexando a las mantas, a los cánticos y a los carteles, expresiones como el grafiti, calcomanías, performances, y ambientaciones.
Cualquier manifestación artística señala Cristina Híjar puede significar una lucha, siempre y cuando “el servicio esté claro, no en sentido utilitario, sino en el de poner los recursos de significación que poseen los artistas al servicio de estas luchas y la afectación de comunidades concretas”.
“Plasmar la verdad nos hará libres”
Escribe ASARO en su blog y al indagarlo encuentras en él, un gran número de grabados que remiten a la temática utilizada por los muralistas: la defensa del obrero, la lucha armada, el campesino.
Los tapetes de arena son recurrentes en sus obras, no sólo recrean un ejercicio de conciencia a través de lo que ahí plasman, también nos hablan de tradiciones, asocian el presente con el pasado, se fusionan las realidades. “Nada ha cambiado el pueblo sigue reprimido”.
En cuanto al esténcil, hay un poco de todo; toman a personajes de la revolución y los visten de punks, utilizan a estrellas de la época de oro del cine mexicano y las complementan con un juego de palabras.
Pero la intención va más allá que deformar a los personajes y colocarles un toque warholiano. ASARO se manifiesta a favor de la inclusión y en la lucha por generar nuevas reglas de participación social y un cambio profundo en la conciencia de los oaxaqueños.
“Somos un movimiento de creación artística y de renovación de las reglas de juego político. Proponemos iniciar un movimiento artístico, donde el fin sea el contacto directo con la gente, en las calles y espacios públicos”, escribe la asamblea de artistas en su perfil.
¿Sobre la crisis del arte en los movimientos políticos?
Sobre este aspecto, la diseñadora Cristina Híjar responde con un rotundo “no”; no existe una crisis en este aspecto los artistas oficiales o quienes consideran que la política ensucia o contamina a la producción artística, nunca han estado ni estarán de este lado de la cancha.
Sin embargo señala, “los movimientos cuentan siempre con trabajadores del arte y la cultura, más que artistas, además de generar espacios para la creación colectiva; hay también artistas de gran prestigio que manifiestan constantemente su solidaridad y apoyo desde donde están, contribuyendo desde su particular quehacer y posición al conocimiento y difusión de estos movimientos sociales y generando solidaridades muy valiosas”.
Ya sea una huelga, una marcha, un festival o las calles de la ciudad; el arte y lo político se mezclan, devienen de lo social. Pero ante todo el arte está presente en los movimientos sociales y políticos de cualquier país con la intención de proveer a la comunidad de una opción distinta de concebir su mundo, de generar reacciones y sensaciones.
Sea como sea su expresión, el arte halla su espacio en este tipo de fenómenos; a través de murales como los de Atenco o del territorio zapatista, e incluso en aquellos que fueron pintados durante la huelga de la UNAM en 1999 y que posteriormente el gobierno hizo desaparecer.
Los ciudadanos hablan
Le dicen Morf0; participa en un blog de nombre el Chahuistle, sitio en el que acompañado por otros personajes de twitter informan a la gente sobre la situación del país “sin caravanas, ni concesiones” tal como ellos mismos definen el contenido de su blog.
No está relacionado con las artes como tal sin embargo, está convencido de que “el arte es un arma de la inteligencia”
“Arte y cultura son dos cosas distintas”. La cultura es un sistema de instituciones o propaganda; el arte es una fuerza social.
Y cuándo se le pregunta sobre ASARO, Morf0 responde inmediatamente sí, los conozco supe de ellos luego de los hechos violentos de Oaxaca, lo qué hacen es definitivamente muy “valioso y transgresor”.
Pero no todas las opiniones entre los ciudadanos coinciden, hay personas como Doña Gloria que no confían en esos “vándalos que pintan sus paredes”, lo que hacen no es arte, “el arte se hace en los museos, no en casas ajenas”.
Mirando al futuro
ASARO es un ejemplo de cómo sigue vigente la fuerza artística para el desarrollo del país; repercutiendo favorablemente en las causas de la comunidad de los pueblos de Oaxaca. Colectivos como éste, indican que la participación de los artistas en la política sigue existiendo. La intención por ayudar a la sociedad a través del arte no murió con los grupos visuales del siglo XX.
Lo que se puede decir con seguridad argumenta Cristina, “es que las manifestaciones artísticas, las acciones estéticas de praxis política permanecerán en las luchas y los movimientos, mientras haya causas justas y los artistas y trabajadores de la cultura asuman su ser social, asuman una postura política y tomen partido, al igual que los abogados, los antropólogos, los investigadores y maestros o cualquier profesional”.
“Las necesidades de expresión y significación de las luchas seguirán existiendo y confío en que siempre habrá quienes puedan y quieran satisfacerlas como un compañero más, como un militante más en una causa mayor”.

